Monitoreo volcánico con drones

La gran cantidad de aplicaciones que tienen los drones en la actualidad es increíble, estos dispositivos incursionan cada vez en más campos y gracias a su utilidad se han convertido en elementos indispensables para la realización de muchas actividades, sobre todo cuando se trata de tareas para las que estos equipos fueron diseñados de manera específica.

Y uno de los campos en los que estos aparatos son ya una herramienta habitual de trabajo que ha ayudado a lograr grandes avances en el sector es la vulcanología, disciplina en la que México es uno de los países con mayor riqueza gracias a la gran cantidad de formaciones montañosas y volcánicas que hay a lo largo y ancho de su territorio.

Por lo anterior, el Observatorio Vulcanológico de la Universidad de Colima (UCol) cuenta con un extraordinario equipo internacional de expertos encargados de estudiar, analizar y monitorear la actividad volcánica de la zona, principalmente del volcán de fuego de Colima, uno de los volcanes activos más conocidos del país y que generan mayor interés entre los especialistas del área.

En lo que a la tarea de monitoreo se refiere, ya desde hace un tiempo se ha hecho uso de vehículos aéreos no tripulados para realizar esta labor sin necesidad de poner en riesgo la vida de pilotos y científicos. Por supuesto, dadas las condiciones de este tipo de formaciones, no se trata de RPAS comunes y corrientes, sino de equipos diseñados, desarrollado y construidos de manera específica para realizar este tipo de tareas, pues se requieren materiales especiales y equipos de fotografía y video de última generación para poder así capturar imágenes con alta precisión y definición, de manera que se puedan observar las características de los diferentes eventos explosivos sin obstáculos y con total claridad para poder delimitar la dirección de los flujos de lava, las lluvias de ceniza y demás consecuencias de las erupciones.

Estos drones especializados para la toma de fotografías y videos en zonas volcánicas, según palabras de los expertos creadores de los dispositivos, implicaron un gran reto de diseño y fabricación, tanto en cuestiones técnicas como prácticas, pues debido a las necesidades específicas de los usuarios se requiere que este tipo de equipos cuenten con prestaciones muy superiores a las que suelen tener los RPAS, desde cuestiones de altitud de vuelo, hasta el tiempo de duración de la batería.

Cabe mencionar que a pesar de tratarse de tecnología de última generación, de gran calidad y bastante avanzada, este proyecto surgió desde finales de los años 90, ya que muchos investigadores consideraron sumamente necesario contar con equipos capaces de captar imágenes durante los eventos volcánicos y también en cualquier otro momento, sobre todo con el objetivo de vigilar las formaciones volcánicas, estudiar los diferentes eventos y evitar cualquier posible inconveniente para las poblaciones cercanas.

Desde luego, la tecnología de la época fue útil para estas tareas, pero no suficiente, por lo que la llegada y lanzamiento de los drones al mundo fue una extraordinaria noticia que facilitó en gran medida esta importante tarea, junto con el uso de avanzados equipos de video y fotografía digitales, con los cuales la vigilancia permanente de un volcán se hizo posible.

Gracias a la tecnología con la que se cuenta en la actualidad, el estudio, análisis y vigilancia de volcanes se ha convertido en un trabajo un poco más sencillo, pues gracias a los vehículos aéreos no tripulados diseñados específicamente para estas tareas es posible estar a la vanguardia en el campo, contar con herramientas vastas para el estudio de los volcanes y contar con un amplio acervo de imágenes que son capturadas cada cinco segundos, con el objetivo de realizar un estudio actual de las formaciones y al mismo tiempo tener un banco de datos e imágenes históricas del elemento estudiado y su actividad.

Gracias a esta tecnología, la Universidad de Colima cuenta en la actualidad con un archivo enorme de imágenes del volcán de fuego de Colima, archivo conformado por, literalmente, millones de imágenes que son utilizadas para el estudio del coloso y su actividad.

De igual forma, es menester indicar que aunque los drones utilizados implican una inversión monetaria considerable, este costo es bastante menor al que se requería en el pasado, pues contar con un helicóptero o avioneta, pilotos y copilotos, fotógrafos o camarógrafos profesionales es bastante más caro que contar con RPAS especializados en la tarea, todo esto sin considerar el riesgo que implicaba para la tripulación de estas naves, riesgo que ha sido eliminado al hacer uso de estos vehículos.

Anteriormente se mencionó que el diseño de estos equipos en cuestiones técnicas fue todo un reto, lo cual se debe a que este tipo de dispositivos vuelan arriba de los cuatro mil metros de altura sobre el nivel del mar, lo que ningún otro dron hace. De igual forma, estos aparatos tienen una autonomía de vuelo de hasta 60 minutos, mientras los RPAS comunes generalmente vuelan entre 10 y 15 minutos máximo.

Adicional a esto, los materiales utilizados son altamente resistentes a diferentes condiciones climatológicas, al calor, a la ceniza y demás elementos a los que pudieran estar expuestos, lo cual ha permitido a los científicos monitorear la cima de volcanes, los flujos de lava y ceniza, los lahares, el alcance de las erupciones y las posibles zonas de afectación.

El modelo que se utiliza es un dron con una configuración de cuatro brazos y ocho hélices, estructura que resulta bastante eficiente para las tareas requeridas por los usuarios y que además puede ayudar a realizar otras tareas en el futuro, como trabajos de fotogrametría con los que se podría tener un mosaico del volcán y así analizar la transformación que ha sufrido con el paso del tiempo y sobre todo para realizar cálculos precisos sobre la actividad eruptiva, lo que puede ser de gran ayuda para el trabajo de protección civil en la zona.

En conclusión, se puede decir que esta interesante aplicación de estos vehículos aéreos no tripulados tiene, una vez más, la intención clara de servir a la ciencia como herramienta de estudio y generación de conocimiento, pero sobre todo tiene la función de servir como un instrumento que ofrece un beneficio a la sociedad en general.

Y es por todo lo anterior que se comprueba de nuevo que los drones ya son elementos de la vida cotidiana, que su uso en diferentes campos ya es una realidad y que cada vez falta menos para que sean parte de la vida cotidiana de todas las personas.